Mons. Fausto R. Mejía Vallejo. San Francisco de Macorís: PALABRAS EN MI CONSAGRACION EPISCOPAL.

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c_200_147_16777215_0___images_stories_mons._fausto_mejia.jpgMons. Fausto R. Mejía Vallejo. San Francisco de Macorís: PALABRAS EN MI CONSAGRACION EPISCOPAL.

 

Eminencia Reverendísima Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Arzobispo Metropolitano y Primado de Santo Domingo. Doctor Leonel Fernández Reyna, Presidente Constitucional de la República. Excelencia Reverendísima Josef Westsolowski, Nuncio Apostólico de su Santidad. Mons. Ramón de la Rosa y Carpio, Arzobispo Metropolitano de Santiago. Mons. Jesús María de Jesús Moya, Obispo Emérito de San Fco. de Macorís. Mons. Juan Antonio Flores, Obispo Emérito de Santiago. Lic. Danilo Medina, Presidente Electo de la Rep. Dominicana.

Querido amigo Ing. Hipólito Mejía y su distinguida esposa Rosa Gómez y demás familiares. Señores obispos de la Conferencia Episcopal Dominicana. Mons. Peter Wolf, Rector General del Inst. Diocesano de Schoenstatt de Alemania. Mons. Rubén, Obispo de Caguas, Puerto Rico. A los queridos sacerdotes, Religiosas, diáconos, seminaristas, catequistas, animadores de asambleas, movimientos apostólicos.

A los Senadores Amílcar Romero de S.F.M, Prim Pujals de Samaná, Roberto de María Trinidad Sánchez, Félix Nova de Mons. Nouel, Euclides Sánchez de la Vega; señores diputados, a los señores Alcaldes Munipales (Félix Rodríguez y Alexis Pérez), Señores Gobernadores Provinciales. Autoridades civiles y militares, a los Rectores y autoridades académicas universitarias y de educación A José María y Pilar Barbero Andrés, sobrinos del querido P. Mateo Andrés.

Antes que nada quiero agradecer profundamente al Papa Benedicto XVI, Pastor Supremo de la Iglesia Universal; al Nuncio Apostólico de su Santidad Josef Westsolowski y a los obispos de la Conferencia Episcopal Dominicana, por la confianza que han depositado en mí para estar al frente de esta porción del Pueblo de Dios que es la Diócesis de San Francisco de Macorís.

Me alegra sobremanera la presencia de cada uno de ustedes que con tanta alegría y generosidad han querido venir a compartir este momento especial de mi vida; pero a la vez siento la tristeza porque no están aquí físicamente mis padres Hiram Mejía y María Eusebia Vallejo, al igual que mi hermana Casilda Mejía, porque ya partieron a la cada del Padre Dios. Cuanto siento también que no estén aquí dos queridos y siempre recordados amigos, quienes fueron para mí como dos papás porque marcaron fuertemente mi vida sacerdotal; me refiero al inolvidable Padre Mateo Andrés y el también admirado Padre  Hermann Gebert de Alemania (enfermo). Del mismo modo recuerdo entre otros a dos grandes amigos extraordinarios como lo fueron Belarminio Ramírez y Manuel Arsenio Ureña.

Cuando recibí la noticia de mi nombramiento de parte del Padre Richard Secretario de la Nunciatura, no se alteró ninguna fibra de mis emociones ni de mis sentimientos, lo que sí recuerdo es que de inmediato se apersonaron a mi memoria dos hermosas enseñanzas de Jesús: la primera es cuando en su diálogo con Pedro le dice “recuérdate que cuando eras joven, tú mismo te vestía e ibas donde quería, pero cuando seas viejo otro te vas a vestir”; para indicarle el tipo de muerte que le esperaba. En mi caso particular experimenté que al Señor nadie le gana en generosidad, ya que su amor y misericordia se habían fijado en mí para tan alto ministerio, de ahí mi sentido de gratitud por lo cual puede decir con el salmista “como pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho”.

El segundo pensamiento fue que con el anuncio del nombramiento, todos mis planes y proyectos personales y los que habíamos diseñados en la UCATECI para la celebración del 30 aniversarios el año 2013, se vinieron abajo y eso como que medio me contrarió pero de inmediato me recordé lo que nos dice el Señor “recuerden que mis planes no son sus planes y mis proyectos no son sus proyectos”; y como un flash que se deja sentir en el interior asentí en silencio como la Virgen María y dije “fiat mihi voluntas tua” (hágase en mí tu voluntad), que tomado como ideal de mi vida episcopal.

Después reflexionando me acordé de la actitud de San Ignacio de Loyola, cuando en su amor casi con apego a su gran obra que era la Compañía de Jesús se decía “si el Señor me preguntara qué es lo que tú más quiere y qué es lo que más te costaría dejar en esta vida, sin lugar a dudas de inmediato diría que es la Compañía de Jesús, pero por amor a la voluntad de Dios la dejaría, aunque sé que mi corazón se agitaría por 5 minutos, pero luego volvería a calmarse y estar en paz, porque he hecho lo que el Señor quiere”. Pero tengo que decir con sinceridad que en este tramo de mi existencia el ministerio del episcopado no estaba contemplado en mi vida e incluso en el 1988 ante la tumba del Papa Juan XXIII en la Iglesia de San Pedro en Roma, hice un juramento, de no buscar ningún puesto en la Iglesia, para poder actuar con libertad interior y para como dice San Pablo “no encadenar el Evangelio”; pero de no rehuir tampoco  ningún servicio que estuviera en mi posibilidad y en mi alcance.

Pero aquí estamos: serenos, tranquilos y llenos de ilusión y de optimismo por esta nueva misión que la Iglesia me encomienda a mí y también a ustedes hombres y mujeres buenas gentes de estas Provincias Duarte, María Trinidad Sánchez y Samaná; a ustedes sacerdotes, religiosas, diáconos, animadores de asambleas y catequistas; a ustedes integrantes de los movimientos apostólicos, a ustedes jóvenes y niños; a los sanos y a los enfermos, a los que están cerca y lejos de la fe; a los que tienen tres pesos y a los pobres; a los presos y a los que están libres; en fin, a todos los creyentes y a los hombres y mujeres de buena voluntad, que debemos recordar que todos de una u otra manera somos Iglesia.

Y la Iglesia es Pueblo de Dios, con infinidad de dones o carismas, donde cada uno debe ponerse al servicio de los demás; por tanto recordemos el gran acontecimiento de la liberación  del Éxodo con Moisés a la cabeza, con el firme mandato de parte de Dios “de pie, ceñida la cintura, bastón en mano, para atravesar el mar rojo, entrar en el desierto, rumbo a la libertad o la tierra que mana leche y miel; pero ¡atención! Que nadie se deje vencer por el cansancio, el hambre y la sed, como hicieron muchos que se devolvieron a la esclavitud; y como están haciendo otros hoy que se dejan seducir por el afán de famas y prestigios, por el dinero fácil y por la erótica del poder. Pero que tampoco nadie fabrique ni se arrodille ante los becerros de oro de hoy, aunque este se llame deseo de marcas, culto al cuerpo, juegos, drogadicción, consumismo, individualismo y pansexualismo. Por tanto, permanezcamos como el Resto Santo, con la frente en alto, mirando al horizonte y hacia la sociedad y a la Iglesia que queremos construir; “fijos los ojos en Aquel que inició la carrera y El que la completará”; firmes y seguros porque Jesús está vivo y venció hasta la misma muerte y con El usted y yo podemos vencer; pero con el orgullo sano del que nos hablaba José Martí “de que a un general no se le mide por las victorias ganadas, sino por las estrellas que lleva en la frente”; eso significa, que la grandeza del ser humano está  en la firmeza de sus principios y de sus valores; en la vivencia y defensa de su dignidad y de la dignidad de los demás. De ahí la toma de conciencia del momento histórico que estamos viviendo. Nos movemos en una sociedad muy compleja, llena de turbulencias por el “cambio de época” que estamos atravesando, cuyo impacto más fuerte se da en la cultura y dentro de la cultura en el ámbito familiar, como nos dicen los obispos en la V Conferencia de Aparecida – Brasil.

Recordemos que el país es de todos y todos tenemos que defenderlo y ayudar a levantarlo; porque este es un  país – contradiciendo a Pedro Mir, el poeta nacional_ que sí merece el nombre de país; porque en la Providencia Divina, Dios lo eligió como al Pueblo de Israel, porque fue aquí donde se plantó la primera cruz, se tuvo la primera Misa y el primer bautismo, la primera catedral y la primera universidad del nuevo mundo, y desde aquí se extendió por toda América el mensaje de la Buena Nueva. Por lo tanto, señores dirigentes de la política nacional, señores funcionarios legislativos, judiciales y municipales. Señores obispos, presbíteros, diáconos y laicos en general; señores académicos, empresarios, hombres y mujeres del campo y de la ciudad; jóvenes y personas de buena voluntad, unámonos y trabajemos por el país que queremos y deseamos construir.

Tengo conciencia que vengo como un pitcher cerrador de un juego que no podemos perder, porque tenemos que ir a la competencia final, y, además porque los pitchers abridores (Mons. Flores, el Cardenal López Rodríguez y Mons. Moya) han lanzado muy bien; de ahí la necesidad que todos tenemos que entrenarnos porque nadie puede quedar sin jugar. No traigo ningún programa porque ya hace 2012 años que el Maestro nos lo entregó y es el Evangelio y cuya línea maestra es “ámense y permanezcan en mi amor”; sabiendo además, que nuestra fuerza es la cruz, la grandeza es el servicio y nuestro poder es la pequeñez y la debilidad, para que se produzca así en nosotros la convicción de San Pablo “cuando soy débil entonces es que soy fuerte”, porque así tenemos que buscar esa fortaleza en Cristo Jesús. No obstante eso y como el Evangelio es tan amplio y además tenemos que partir de la realidad, entonces tenemos que seleccionar algunas prioridades:

1.- La familia porque esta es la base y el fundamento de la sociedad y el mejor invento de Dios.

2.- La Pastoral juvenil y vocacional para ayudar a la juventud a descubrir grandes y nobles ideales para que se construyan a sí mismos y se pongan al servicio de los demás.

3.- La catequesis, la promoción humana y la justicia social, para que conociendo nuestra fe y el compromiso que esta conlleva, trabajemos por lo menos favorecidos, excluidos y marginados de los bienes creados para todos, de la salud y la educación que es un bien público al que cada uno tiene derecho.

4.- La Pastoral Educativa que es la base del desarrollo y de la paz social en una nación..

Esta Diócesis tiene tres provincias privilegiadas: Duarte, María Trinidad Sánchez y Samaná; y son privilegiadas por sus hombres y mujeres trabajadores, serios y emprendedores; pero además por la riqueza de sus recursos naturales: el arroz y el cacao y los cocos; pero también la hermosura y belleza de sus playas y paisajes que son y deben mucho más fuentes de atracción para el turismo nacional e internacional. Todo eso supone participación activa, consciente y gozosa de todos; el entusiasmo y la responsabilidad como ya es propio de tantos hombres y mujeres de buena voluntad de esta región, que tienen el convencimiento que “en la unión está la fuerza”, y con la conciencia “de que a un pueblo lo salva el mismo pueblo”; de ahí que me atreva a hacerles la misma exhortación que el Padre José Kentenich les hizo a un grupo de seminaristas cuando fundó el Movimiento Apostólico de Schoenstatt, al decirles “no queremos esclavos de galera, sino remeros voluntarios”.

Les exhorto a que nos unamos al proyecto del Papa Benedicto XVI de trabajar por la unidad de los cristianos y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, basado en el amor y la búsqueda de la verdad; y de luchar contra lo que él llama la dictadura del relativismo ético y moral, es decir, contra el individualismo, el consumismo, el deterioro moral y familiar. Tal vez sería conveniente oír de nuevo aquellas palabras del siempre recordado Papa Juan Pablo II, cuando asumió su pontificado y gritó fuerte a los jóvenes diciéndoles “spalancate il cuore al Redentore” (abran su corazón de par en par al Redentor), porque él no les quitará nada, sino tiene mucho que ofrecerles; y no tengan miedo porque él venció el mundo”.

Por eso tomemos la antorcha que nos entrega Mons. Moya para seguir corriendo hacia la meta que es hacer visible el Reino de Dios; pero que lo hagamos con el slogan del Padre Kentenich que dice así : “alegres por la esperanza, seguros de la victoria, y con la Virgen María, hacia los más nuevos tiempos”.

Que el Señor les bendiga abundantemente y el Espíritu Santo les fortaleza siempre con sus dones y carismas.

Mons. Fausto R. Mejía Vallejo. San Francisco de Macorís, 28 de Julio del 2012.